LA DISECADORA DE AMORES
Custodia un cementerio personal de rosas entregadas el día de los enamorados
La genética de sus deseos la ha empujado a madurar el compromiso de las ofrendas
Todos los primeros de enero renovaba su deseo de enamorarse y esperaba paciente al 14 de febrero para recibir la ofrenda de una rosa para sentirse viva. En el preciso momento en que la sostenía entre sus manos entraba en una catarsis de emociones que la deprimía hondamente. Entonces, disecaba la rosa hasta que su plasticidad y perfume abandonaba la vida. Luego, casi religiosamente, la guardaba en una urna de bisutería ya preparada con una etiqueta que hablaba del amado, las anécdotas del romance y alguna fotografía que recordaba escenas vividas.
Este año ha esperado en vano la llegada de su rosa, la ha reclamado vehementemente a su amor del 2014, pero éste se ha negado al regalo aludiendo oscuras excusas como no creer en la comercialidad de las emociones. Ella perdía su mirada en el sarcófago de plástico vacío. Su colección de amoríos psicológicos corría el peligro de quebrarse. Decidida a solventar el agravio se ha presentado en la casa del enamorado de turno y sin explicaciones previas le ha arrancado el corazón con la feroz ayuda de uno afilado bisturí. Lo ha colocado mimosa sobre un lecho de hielo y ha retornado con prisas a su cementerio personal donde ha llevado a buen término el sepelio y duelo por otro amor roto. Ha madurado, ya no es una niña y desea ofrendas más comprometidas, pequeños detalles que le hablen de la fragancia de la belleza en carne viva. Por fin tiene en su colección el corazón sangrante del espíritu de una rosa.
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Publicado el febrero 14, 2014 en Textos Propios y etiquetado en lecturas literarias, libros, literatura, manuel villa-mabela, microrrelatos, misterios, relato breve, tuchy regueras. Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

Eso se llama vehemencia sin consumismo. Dos párrafos intensos y asombrosos.
Saludos.
Si es que lo desinteresado…enriquece. Un cordial saludo y gracias
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