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EL CAMBIO CLIMÁTICO DESPISTA A ESTOS FLAMENCOS URBANOS
Claro, tanto cambio climático, social y humano, vamos, tanto cambio global, está despistando a las criaturas más sencillas, que se conforman con ser engañadas con una sonrisa o una perturbación electromagnética. No daba crédito a mis ojos cuando contemplé sobre un balcón madrileño el nido familiar de un simpático grupo de flamencos urbanos. Un grupo ecologista me acompañó a fin de proporcionar información a los alados rosados para que fueran conscientes de que no podían estar allí presos y que su obligación genética les debía animar a emprender el vuelo. Ninguno de los ecologistas hablaba el flamenco urbano y por muchos esfuerzos que se hicieron todo fracasó. Según me informan, en el balcón del piso de arriba se ha instalado una secta radical de cacatúas inmóviles y en el ático derecha, conviven un progre anarquista y una legión de periquitos alérgicos a las jaulas. Algo está pasando con el cambio climático que no me gusta. Espero que de un momento a otro aterricen los extraterrestres o un ejército paramilitar de arcángeles para poner lógica en nuestras costumbres.
Bueno, por si apetece, aquí paso una lectura más
- Flamencos urbanos
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POESÍA URBANA: UN MURO GLOBAL
Andaba paseando por la ciudad…¿qué importa la ciudad? Vamos a preocuparnos de las cosas vitales y, desde luego, saber porque ciudad caminaba sin rumbo y perplejo, no importa nada. Bien, paseando por una ciudad sin identificar, me encontré con una aparición, una estampa, que me llenó de interés e intriga. Ante mí: un muro global. Los graffiteros están evolucionando. El muro lo contenía casi todo o todo: un letrero de prohibición en representación de la civilización, una farola encendida en representación de la ciencia, un árbol o arbusto en representación de la naturaleza y un fondo blanco en representación del espíritu. Me acurruqué sobre el muro un rato, unas horas, para meditar sobre su aparición y significado en mi vida. Me acabé una bolsa de pipas y di buena cuenta de una botella de ron. El resto ya es historia…tomé el metro y me dirigí a mi centro de trabajo.
Para los que dispongan de tiempo más libertario les recomiendo la siguiente historia
LILAS Y LIBROS ó….LIBROS Y LILAS
Todos tenemos pequeñas manías y tradiciones íntimas, conscientes o inconscientes. A mí me gusta cultivar una cita, curiosa y entrañable, que une naturaleza y lectura. Primero recojo con paciencia las lilas que encuentro a mi paso, tengo un buen mapa de localización, y luego las reparto a lo largo y ancho de mi biblioteca. Unas en jarrones, otras en botes de refresco, otras acostadas bajo los pies de mis títulos favoritos. Es un regalo vivo y palpitante a mis libros, tanto por su contenido como por mi agradecimiento a tantas horas pasadas en buena e impagable compañía. Tal vez, algún día, se celebre en todo el mundo una fiesta de agradecimiento dedicada a las pequeñas realidades que nos dan vida. De momento, ya tengo cortadas y dispuestas mis lilas, ahora voy a preparar mi pequeño altar de adoración a mis libros.
MIS DESAYUNOS CON VAN GOGH
Me gusta desayunar a la orilla del mar. También me gusta hacerlo en un precioso velero llamado «Trotamundos», pero ya no me invitan desde aquel conflicto…mejor lo dejo estar hasta que prescriba el asunto. Me encantan los churros, las tostadas bien pringadas en aceite de oliva y, por supuesto, quisiera preparar todos los días de mi vida, unas deliciosas claras de huevo, estilo tortilla francesa, en el microondas. También suelo desayunar con amigos artistas. Uno de ellos, no es mentira, vive del arte. El otro día me acerqué a visitar a Vincent Van Gogh y, de paso, nos tomamos un café y unos picatostes azucarados hasta el pecado. Van Gogh, como está muerto, pasa del colesterol y otras mandangas. Estuvimos hablando de colores, formas y de la Bolsa. El tiempo se pasa volando cuando desayunas con quien tú deseas.
- Desayuno con Van Gogh
- Desayuno con Van Gogh





