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APADRINO LIBROS
Hay muchas bibliotecas que no ofrecen afecto, atención y confianza a los libros. Algunas mezclan sin criterio fotonovelas gráficas con los filósofos griegos. Otras cultivan el polvo. También tenemos los libros que han tenido la suerte de caer en una buena familia, se educan mutuamente y se ofrecen el cariño necesario para atravesar las adversidades. Mis libros tienen nombre. Cuando un libro entra en casa le bautizo y apadrino. En las primeras páginas oriento que tipo de lectores gusta que lleguen a sus interioridades y, si conozco su historia clínica, no dejo de especificar si gusta más de salón. dormitorio o pasillo para pasar sus horas de contemplación. Me gusta tener una buena relación con los libros. (Fotografía de Tuchy Regueras)

FLORES Y ABONOS
Vivimos en un laboratorio vital donde belleza, basura, inmundicias y progreso natural se combinan, forman un escaparate que en su conjunto llamamos vida. Debo ser un individuo confiado, tal vez, soñador, que entiende, aunque no comprenda, que el mundo se nutre de tipos dañinos y perturbadores, para conformar una raza mejor, que se va madurando sin darse cuenta. Tal vez es necesario el abono de algunos seres humanos para que la naturaleza ética y la alquimia de la bondad se manifiesten. Nos faltan muchas revoluciones.


¿HALLOWEEN, MARKETING CASUAL O LA ALEGRÍA DEL IBÉRICO?
Ando confuso con estas fiestas. Esta mañana escuchaba en la radio que Halloween había superado en reservas y economías las previsiones de la Noche Vieja. Pronto las navidades, la semana santa y no me extrañaría que la feria de abril, pasarán al cajón de los recuerdos. Ya no se llevan los difuntos de andar por casa, ahora gobiernan los zombies desarrapados. Nada tengo en contra de sumar festejos a nuestros días, pero preferiría menos globalidad impuesta y mayor ferocidad con nuestras tradiciones, aunque no gocen de Trending Topic en las redes. Estoy por encerrar a todos los caramelos que huelan a halloween y entregar a las bandas de menesterosos de dulces, solo peladillas, gallinejas y polvorones. No tengo claro si se nota que prefiero la visita a los cementerios y saludar a nuestros pobres muertos, aburridos de tanto abandono. Hay que reclamar al organismo correspondiente que los muertos sean declarados como parte de nuestro Patrimonio Vital.



