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JOE COCKER

Este singular artista británico representa la intensidad sobre el escenario

Hay gente que llena espacios artísticos con su sola presencia y Joe Cocker lo borda. Empezó su carrera realizando sugerentes interpretaciones de los chicos de Liverpool, batalló cuerpo a cuerpo con las drogas y el alcohol, hasta llegar el momento de mostrarse ante el público sin disfraces musicales, rebosante de personalidad creativa, transmitiendo emoción a manos llenas mediante su voz y sus gestos. Son muchos sus clásicos, pero me encanta de forma especial: “You are so beautiful”

CHUCK BERRY

Música medicinal. Escuchar antes de que empiece la verbena de villancicos.

La revista Rolling Stone coloca a Chuck Berry como la quinta figura musical de todos los tiempos en su popular lista “Los inmortales”. La misma publicación señala que es considerado la sexta mejor guitarra hasta nuestros días. Personalmente le haría subir algún peldaño, pero no es momento ni lugar para contradecir a los papistas del rock and roll. Lo que si es cierto a todas luces es que Chuck Berry ha influido de forma notable en la música rock y que su figura es menos que imprescindible para entender su puesta a punto y evolución. Son muchas sus piezas conocidas, recordadas y subidas a los altares, entre ellas, claro, no podía faltar en este regalo pseudo navideño su siempre excitante: Johnny B. Goode. Antes de los villancicos es indispensable alguna que otra cucharadita de Berry o… si se está en forma tomarse el frasco entero. Salud y rock and roll.

MÚSICA PARA MOMENTOS ETERNOS

Georges Moustaki – La métèque

Nacido en Alejandría de familia judeo-griega recorrió el mundo con su música y sus ideas. Exponente clave de una época y admirador confeso de Georges Brassens, nos ha legado maravillosas creaciones como por ejemplo: Milord, que escribió para Édith Piaf, así como mediante sus personalísimas interpretaciones donde estamos obligados a citar su siempre recordada: La métèque (El extranjero) compuesta en el mítico 1968. Si ya conoces a Moustaki, recuerda y disfruta. En caso contrario, acepta esta pieza como un regalo sabatino cercano a la Navidad.

BOTELLA DE RON

PREGUNTA EN EL ASCENSOR (VII):

HAY QUE LLAMAR AL SAMUR DE LOS CORAZONES ROTOS

Me sentí obligado a beber con él. Entró en el ascensor en la planta baja y se refugió al fondo. Se puso en cuclillas y empezó a beber mientras sollozaba. No dejaba de hacer ni lo uno ni lo otro. Claro, hay tantas desgracias. Sin pensarlo adopté la misma postura y le pedí prestada la botella de ron, un brugal añejo, que no entraba mal, aunque yo me he acostumbrado a beberlo con coca cola light. Es mejor para el colesterol. Hace años que no paso por un médico, traen muy mala suerte, pero tengo entendido que el colesterol es muy dañino para la felicidad del cuerpo. Le pregunté qué le pasaba y no me lo quiso contar. Le abracé y rompió a llorar como un descosido. Seguro que detrás de su conducta habia un mal de amores. Las mujeres son más fuertes y aguantan mejor el dolor, pero los hombres solo tenemos fuerza en la boca. También es posible que estén más acostumbradas a sufrir que nosotros. Llevan demasiados siglos como subalternas de nuestras conductas e indecisiones. Y los hombres, no nos engañemos, no sabemos jugar tanto con la imaginación, ni barajar con gracia nuestras vidas. La gente entraba y salía del ascensor sin darse cuenta de que alguien estaba padeciendo un alarmante colapso afectivo-emocional. ¡Qué pronto se acaban las botellas! ¡Maldita crisis! Parece ser que lo había dejado con la novia. Más que una novia parecía una santa irreal o una de esas mujeres que solo existen en los almanaques de los sueños. Me empezó a enumerar todas sus virtudes: buena gente, encantadora, inteligente y muy sabia, guapa, divertida, paciente…..¡Coño!- reflexioné ¿y cómo se te ocurre dejarlo con una mujer así si parece la portada de todos los deseos? Me miró y me contestó lacónico: ” Tengo componentes tóxicos. Se estaba envenenado de mí”. Asentí con la cabeza mientras simulaba entenderlo todo. Soy tan vanidoso como cualquiera. Cómo debía quererla para echarla ya de menos… porque según me confesó habían decidido zanjar el asunto ahora mismo, en el vestíbulo, al lado de los ascensores. Voy a llamar al Samur de los Corazones Rotos porque si esto es así ahora no envidio a este hombre cómo va a pasarlo esta noche.

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Hasta Reventar

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