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La’bana por quince centavos
Si fuese preciso dar un sobrenombre a la capital de Cuba,
como lo ostentan pueblos y héroes en los poemas homéricos,
se le podría llamar Habana «la Alegre».
Es una ciudad que sonríe al que llega,
sin que pueda decirse con certeza dónde está su sonrisa.
La vuelta al mundo de un novelista
Vicente Blasco Ibáñez 1923
‘—Ya conozco de memoria todos los pelos de cada mono en el Zoológico.
Protesté, como siempre. Era domingo, yo tendría unos ocho años. Mi padre impaciente por iniciar el paseo y mi hermana loca por ver los animalitos.
Nos estábamos comiendo un cable. Mi viejo limpiando pisos en una fábrica de jabón, mi madre sin trabajo. Vivíamos en la casa de mi abuela con ella, mis tías Eche y Nena, la prima Lolita, mis progenitores y mi hermana.
Íbamos a pasear los domingos por la mañana. El zoo…
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PREGUNTA EN EL ASCENSOR (II):
SE NECESITA PRÍNCIPE AZUL POR HORAS
Asociación Cultural de Damas ofrece trabajo por horas a Príncipe Azul
Abstenerse advenedizos y Agencias de Contactos
Los viajes en ascensor son cada día más largos. Su automatismo ha convertido cada planta en un verdadero apeadero, si bien ello tiene la ventaja de mantener conversaciones más intensas y, desde luego, escuchar comentarios e historias más sugerentes. Por ejemplo, una señora de mediana edad, bella, aparentemente dispuesta y muy resuelta le preguntó a una amiga que llevaba consigo: ¿Has contratado ya algún príncipe por horas?. La amiga asintió ruborizada. A partir de ese momento sus cuchicheos reclamaron la atención de todos los pasajeros del ascensor.
Se conoce que ambas damas pertenecen a una Asociación Cultural de mujeres aburridas de los malabarismos cotidianos. Dicha Asociación se ha especializado en la contratación de príncipes de compañía para los más diversos talleres de entretenimiento. Igual te recogen a los niños del colegio que te ponen un par de lavadoras o…por un suplemento de nada te desentaponan las cañerías más íntimas de la casa con mucho esmero y pedigrí. Este servicio glamoroso y de alto copete está haciendo furor en las urbanizaciones de lujo, zonas residenciales por excelencia y nuevas ricas accidentales.
Claro, antes las niñas soñaban con un príncipe azul que les despertara a la vida y les protegiera de los ogros domésticos, pero en la actualidad sueñan más con médicos y arquitectos. Además, pocos acaban reinando, aunque sea en su geografía íntima. Tan solo les queda algo de imagen y… la vida está para pocos cuentos. Así que nada, se visten de faena (leotardos, faldilla, capa y sombrerito cursi con pluma) y a servir a plebeyas desatadas por el lujo de poder contratar a horas a un príncipe azul y luego contarlo excitadas a sus amigas.

