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Combatir la soledad en Navidad
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Adeste Fideles
Helga Martínez Pallarés
Intento encontrarle solución al enigma de tu alborozo, mientras corres como una gacela en miniatura en busca del autobús nevado. Hace frío esta noche, y tú te ríes, pero no me ha dado tiempo a averiguar de qué. Te miro como embobado, corro yo también detrás de tu aliento, sin aclararme bien adónde vamos, si a tu casa o a la mía, o a perdernos en esta ciudad navideña donde, de tanto perderse, no se encuentra uno a sí mismo. Te miro, y no se me ocurre nada que decirte, porque “te quiero” está tan manido que no tiene mucha gracia, prefiero mirarte despacio y dejar que te lo imagines, si quieres…
El autobús escupe oleadas de viajeros hervidos en vapor de trapo. Huele a humedad y a pisadas con prisa, mientras con un extraño giro de contorsionista guateada te transportas, casi de milagro, directamente a la…
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EL EXHIBICIONISTA DEL ASCENSOR
PREGUNTA EN EL ASCENSOR (VIII):
Perversión consistente en el impulso de mostrar las intimidades
Aquel ascensor se había convertido en un bazar de sorpresas. No parecía casi Navidad o….tal vez sí. Justo a mi lado una muchacha de servicio vestida tal cual, que me confesó, soñaba ser libre, enterrar sus horas cíclicas y desvirtuadas de felicidad. Su uniforme era cómodo y limpio pero no guardaba la etiqueta que exigía aquel ascensor. Pero como no se atrevía a tomar decisiones directas se las ingenió para subir junto a mí, perfectamente arreglado, para que el portero transmitiera su soberbia de forma inmediata a su señora y la despidiera por terrorista doméstica. Pasé un buen rato en el ascensor. Me gustan las reminiscencias barrocas. Muy bonito. Subió luego una gitana recia y digna que sin mirarme raptó mi mano para profetizarme, mediante su lectura, a qué piso me encaminaba. No acertó pero me encantó su autoestima. Casi nunca aciertan o….si. Los pronósticos cabalísticos los guardamos como oro en paño y le echamos la llave. Damos pistas pero no soltamos prenda. Y para finalizar mis subidas y bajadas me encontré con un exhibicionista. Me habían hablado de ellos, pero nunca habia tenido una experiencia en directo. Muy fuerte. Era un tipo alto y delgado con maneras amables y un sombrero vintage que decidió no quitarse en ningún momento durante su actuación. Llevaba una gabardina color caqui desteñido y, en el preciso momento en que el ascensor reemprendía sus labores, se acercó a mí y me enseñó sin preámbulos todo cuanto escondía. Se abrió generoso el ala izquierda de su gabardina de donde colgaba generosa una fotografía de una bella mujer vestida para misa de una. Sin medrar en sus ansias se abrió ahora el ala derecha de la gabardina para mostrar la foto de otra bella mujer con un estilo más rompedor. Con la cabeza y la mirada me obligaba a decantarme por una u otra. Nunca he vivido mayor compromiso. Afortunadamente entró otro degustador del ascensor a quien sometió de inmediato el exhibicionista con el mismo propósito. El nuevo viajador tenía más mundo que yo. Le dio un par de palmadas y sentenció: » querido amigo, su mujer es su vida, pero qué es su vida sino vanidad. Su amor es para siempre, pero cuidado, las mujeres son territorialistas, le abandonará en la primera ocasión» Salió y se perdió en el largo y profundo rellano. El exhibicionista me preguntó si había entendido todo o al menos algo y yo le manifesté con la mano que así, así, mientras me precipitaba sin destino fuera del ascensor. Bastante tengo yo con mis propias decisiones.
(Fotografía de Tuchy Regueras)
Aclaración a los lectores. Esta es la fotografía que colgaba
del ala derecha, pero con mejor aspecto)
BOTELLA DE RON
PREGUNTA EN EL ASCENSOR (VII):
HAY QUE LLAMAR AL SAMUR DE LOS CORAZONES ROTOS
Me sentí obligado a beber con él. Entró en el ascensor en la planta baja y se refugió al fondo. Se puso en cuclillas y empezó a beber mientras sollozaba. No dejaba de hacer ni lo uno ni lo otro. Claro, hay tantas desgracias. Sin pensarlo adopté la misma postura y le pedí prestada la botella de ron, un brugal añejo, que no entraba mal, aunque yo me he acostumbrado a beberlo con coca cola light. Es mejor para el colesterol. Hace años que no paso por un médico, traen muy mala suerte, pero tengo entendido que el colesterol es muy dañino para la felicidad del cuerpo. Le pregunté qué le pasaba y no me lo quiso contar. Le abracé y rompió a llorar como un descosido. Seguro que detrás de su conducta habia un mal de amores. Las mujeres son más fuertes y aguantan mejor el dolor, pero los hombres solo tenemos fuerza en la boca. También es posible que estén más acostumbradas a sufrir que nosotros. Llevan demasiados siglos como subalternas de nuestras conductas e indecisiones. Y los hombres, no nos engañemos, no sabemos jugar tanto con la imaginación, ni barajar con gracia nuestras vidas. La gente entraba y salía del ascensor sin darse cuenta de que alguien estaba padeciendo un alarmante colapso afectivo-emocional. ¡Qué pronto se acaban las botellas! ¡Maldita crisis! Parece ser que lo había dejado con la novia. Más que una novia parecía una santa irreal o una de esas mujeres que solo existen en los almanaques de los sueños. Me empezó a enumerar todas sus virtudes: buena gente, encantadora, inteligente y muy sabia, guapa, divertida, paciente…..¡Coño!- reflexioné ¿y cómo se te ocurre dejarlo con una mujer así si parece la portada de todos los deseos? Me miró y me contestó lacónico: » Tengo componentes tóxicos. Se estaba envenenado de mí». Asentí con la cabeza mientras simulaba entenderlo todo. Soy tan vanidoso como cualquiera. Cómo debía quererla para echarla ya de menos… porque según me confesó habían decidido zanjar el asunto ahora mismo, en el vestíbulo, al lado de los ascensores. Voy a llamar al Samur de los Corazones Rotos porque si esto es así ahora no envidio a este hombre cómo va a pasarlo esta noche.
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