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La resaca de una huelga general doméstica
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¡PELIGRO! CARTA CERTIFICADA
Hasta ese justo momento era un día doméstico y completamente asumible, pero mi conserje me esperaba a la entrada de la escalera con sonrisa sardónica mientras se abanicaba con una carta, ¡una carta certificada! Un escalofrío recorrió mi cuerpo y asomó a mi rostro una oleada de odiosas ojeras. El conserje tenía órdenes estrictas para que no aceptara ninguna carta certificada a mi nombre, pero el presidente de la comunidad de vecinos, un beato pagador de impuestos y un radical sectario contra los morosos sin afán de lucro, revocó mis instrucciones aludiendo a la impoluta fama de nuestra asociación vecinal ante la administración de Hacienda.
No era una carta bancaria, esas las tengo asimiladas. Cuando llegan me tomo la medicación y salgo del paso. Si la certificación procediera de Tráfico, sufro taquicardia y depresión, pero supero sus daños colaterales contra mi zona de confort. La carta certificada venía de…
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NEGOCIACIONES ENTRE BASTIDORES
Se localiza un señor, felizmente, muerto en un probador de señoras
La señorita que le custodiaba huyó del lugar de los hechos cargando un festín de bolsas de compras
Era una tienda trampa. Una señorita, descendiente cultural, de cualquier polígono de viviendas clonadas, pero, genéticamente bien premiada, jugaba a representar un papel que originalmente no le pertenecía pero ella era una chica lista y sabía cómo escalar al centro neurálgico de su posición social soñada. Lee el resto de esta entrada
LA DISECADORA DE AMORES
Custodia un cementerio personal de rosas entregadas el día de los enamorados
La genética de sus deseos la ha empujado a madurar el compromiso de las ofrendas
Todos los primeros de enero renovaba su deseo de enamorarse y esperaba paciente al 14 de febrero para recibir la ofrenda de una rosa para sentirse viva. En el preciso momento en que la sostenía entre sus manos entraba en una catarsis de emociones que la deprimía hondamente. Entonces, disecaba la rosa hasta que su plasticidad y perfume abandonaba la vida. Luego, casi religiosamente, la guardaba en una urna de bisutería ya preparada con una etiqueta que hablaba del amado, las anécdotas del romance y alguna fotografía que recordaba escenas vividas.

