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EL MIEDO DEL ASCENSOR
PREGUNTA EN EL ASCENSOR (IV)
El ascensor necesitaba un confesor, un psiquiatra o un exhorcista, pero rápido, porque sufre vértigo vital.
Escuché un siseo y sujeté las puertas del ascensor. A trompicones se metió en la cabina una señora armada con un carrito de niño que me empujó y aprisionó contra uno de los ángulos del elevador. La señora se echó mano al refajo, me temí lo peor, pero solo sacó un biberón cargado. Yo creí que iba a atracarme sin compasión pero me equivoqué, solo quería alimentar al bebé que no dejaba de berrear. Le coloqué al nene unos auriculares con música clásica pero no sirvió de nada. Añadí a su biberón una pizca de chocolate en polvo que siempre llevo para urgencias de auto-ansiedad, pero tampoco resultó efectivo el invento. El muchachete, futuro parado, no cesaba de llorar y amargarme mí viaje al ático. Tal vez estaba secuestrado y quería llamar mi atención, posiblemente, era un niño extranjero que no conocía nuestra tradición de mantener silencio cuando se sube en un ascensor con personas desconocidas. Solo hay que hablar del tiempo.
La señora se dispuso a cambiarlo de pañales. El ascensor subía lentamente a través de las plantas, muy lentamente, bien podría decirse que a cámara lenta, regodeándose en su destino final. Me alarmé de su letanía de ascenso y temí que no solo sería testigo del cambio de la vestimenta del llorón endemoniado sino que debería colaborar en el proceso de su tuneado higiénico. La señora, sin apenas mirarme, me aclaró que el ascensor tenía miedo de subir tan alto porque sufre vértigo vital y teme que en una de estas los ángeles mecánicos que habitan el ático le desenchufen de la vida. Por eso tarda tanto en su recorrido, porque no quiere dejar su vida de transeunte mecánico y englosar la chatarra de su eternidad.
PREGUNTA EN EL ASCENSOR (II):
SE NECESITA PRÍNCIPE AZUL POR HORAS
Asociación Cultural de Damas ofrece trabajo por horas a Príncipe Azul
Abstenerse advenedizos y Agencias de Contactos
Los viajes en ascensor son cada día más largos. Su automatismo ha convertido cada planta en un verdadero apeadero, si bien ello tiene la ventaja de mantener conversaciones más intensas y, desde luego, escuchar comentarios e historias más sugerentes. Por ejemplo, una señora de mediana edad, bella, aparentemente dispuesta y muy resuelta le preguntó a una amiga que llevaba consigo: ¿Has contratado ya algún príncipe por horas?. La amiga asintió ruborizada. A partir de ese momento sus cuchicheos reclamaron la atención de todos los pasajeros del ascensor.
Se conoce que ambas damas pertenecen a una Asociación Cultural de mujeres aburridas de los malabarismos cotidianos. Dicha Asociación se ha especializado en la contratación de príncipes de compañía para los más diversos talleres de entretenimiento. Igual te recogen a los niños del colegio que te ponen un par de lavadoras o…por un suplemento de nada te desentaponan las cañerías más íntimas de la casa con mucho esmero y pedigrí. Este servicio glamoroso y de alto copete está haciendo furor en las urbanizaciones de lujo, zonas residenciales por excelencia y nuevas ricas accidentales.
Claro, antes las niñas soñaban con un príncipe azul que les despertara a la vida y les protegiera de los ogros domésticos, pero en la actualidad sueñan más con médicos y arquitectos. Además, pocos acaban reinando, aunque sea en su geografía íntima. Tan solo les queda algo de imagen y… la vida está para pocos cuentos. Así que nada, se visten de faena (leotardos, faldilla, capa y sombrerito cursi con pluma) y a servir a plebeyas desatadas por el lujo de poder contratar a horas a un príncipe azul y luego contarlo excitadas a sus amigas.

