BRECHA DIGITAL
Al fondo del ascensor había una capillita presidida por Santa Rita(abogada de los imposibles) y San Cristóbal (Gestor de cruceros en ascensor)
¿No hay voluntarios en los partidos políticos o en las administraciones públicas que ayuden a las víctimas de la brecha digital?
PREGUNTA EN EL ASCENSOR (IX)
Era un ascensor propio de la postguerra con un toque rococó y algún detalle kitch. Era el ascensor apropiado para gente con edad avanzada que no gustaba de memoria en los mandos ni otros despilfarros tecnológicos. Ellos pertenecen a otro mundo del que les quieren desahuciar. Al fondo del ascensor había una capillita presidida por Santa Rita(abogada de los imposibles) y San Cristóbal (Gestor de cruceros en ascensor) Una señora estaba orando arrodillada para qué el viaje hasta el cuarto transcurriera sin incidencias. En el silencio que ofrecía el recinto mecánico-religioso pude escuchar a la mujer hacer sus peticiones. Se había ofrecido a subir un día por las escaleras con la compra a cuestas si la seguridad social le adelantaba un año su cita para operarse de las cataratas. Ofrecía una suculenta penitencia a concretar si no era asaltada por el diablo y su universo internauta. No tiene ordenador ni ninguna otra tentación. Solo un móvil, regalo de un gallardo jubilado, que le ofrecía agua bendita en misa de diez.Una pena aquella indigestión de viagra. Lloraba cuando ofreció no ver más telenovelas en una temporada si Hacienda le permitía seguir declarando en carne viva. No se fía de los hacedores de declaraciones de renta que pululan como mercaderes místicos para salvar la brecha digital. Ha recibido un carta odiosa que a partir de enero 2014 todo por red. Su hijo no puede atenderla porque tiene trabajo, es decir, vive en el extranjero. La brecha digital se está convirtiendo en un holocausto emocional que la está arrastrando a la medicina sumergida ¿No hay voluntarios en los partidos políticos o en las administraciones públicas que ayuden a las víctimas de la brecha digital? Hay reductos analógicos que reclaman su libertad a morirse sin haber tomado un café con los bits.
Publicado el febrero 2, 2014 en Textos Propios y etiquetado en lecturas literarias, libros, literatura, manuel villa-mabela, microrrelatos, relato breve, tuchy regueras. Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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