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SPIDERMAN Y LA POLÍTICA DE GESTOS
Espero que los héroes y los personajes de leyenda no se sumen al travestismo, aunque los monigotes japoneses les estén comiendo el terreno de la gloria.
Puede parecer una fantasía urbana pero es cierta y sin exageraciones. Recientemente, paseando por una pequeña ciudad de provincias de cuyo nombre no quiero acordarme, me encontré curioseando un escaparate con un spiderman articulado. Su mano alzada sugería un saludo sectario de ingrata memoria, pero un caballero entró en el establecimiento y, tras amplio debate, consiguió que spiderman subiera un tanto su saludo, lo suficiente para alejarlo de políticas encontradas. Espero que los héroes y los personajes de leyenda no se sumen al travestismo, aunque los monigotes japoneses les estén comiendo el terreno de la gloria.
VUELVEN LOS DUELOS PARA DEFENDER EL HONOR
Pues me parece muy interesante. Dado que no se puede llevar a todo el mundo a los tribunales, puesto que resulta muy difícil demostrar una canallada sufrida y nunca podremos aportar pruebas tangibles de una promesa de amor incumplida, pues…¡solucionado! Ya está en nuestra mano retar al ladino director bancario, ya podemos llevar a la arena al nuevo acompañante de nuestra novia y, por fín, tendremos la oportunidad de partirle la cara, civilizadamente, al presidente de alguna multinacional o país. En cuanto apruebe el Congreso los «Duelos al Honor» me apunto. Eso sí, ya hay unas colas tremendas, claro, hay tanta gente sin hacer nada.
LA MODA DE LOS CANDADOS
Los hay de todos los gustos, colores, formas y diseños. Es una moda medio ingenua, exhibicionista, gregaria y económica, probablemente, como todas. Estamos en tiempos de modas, sobre todo, de esas de usar y tirar. ¡Vamos tan aprisa en todo! No es que me vuelva loco esa forma de sellar el amor ante todo el séquito de curiosos, que dada su celeridad vital, prefiere leer los textos de los candados antes que un buen libro, pero me parece muy bien, y desde luego, mejor que hacerse un juramento de sangre o pintar con un objeto afilado a los pobres árboles.



