Archivo de la categoría: Textos Propios

LOS EXTRATERRESTRES Y LA NAVIDAD

No está comprobado científicamente que los extraterrestres canten villancicos en sus naves interestelares en estas señaladas fechas

De hecho no sabemos a ciencia cierta si existen los aliens, si bien, resulta sugerente tal probabilidad. No son pocos los investigadores y creyentes ovnis que apuestan por hilvanar de forma bien estrecha a los extraterrestres con nuestras figuras bíblicas. Las ganas, la imaginación y el mercado invitan a promulgar toda suerte de conjeturas. Desde luego no podemos negar que en nuestro pasado «conocido» se suceden muchas circunstancias ambiguas. Los textos antiguos están repletos de señales explícitas que ligan a los hombres con los dioses, ángeles y seres dimensionales. Igual alguna de estas referencias es cierta. Lo cierto es que el hombre se siente aprisionado en su jaula mortal mientras su mente gusta volar por los laberintos y confines de la mente y…..¿el espíritu? No veo nada negativo en la existencia extraterrestre, todo lo contrario, esa posibilidad abriría nuestras puertas vitales y nos acercaríamos a las cuestiones trascendentes que siempre nos acompañan, claro, que también surgirían nuevos interrogantes. Si están ahí que se manifiesten de una vez por todas y dejen de pertenecer al universo de la ciencia ficción. Lo que si me gustaría es que fueran un tanto más agradables de aspecto que las referencias que tenemos. Parecen todos cortados por el mismo patrón. Eso puede venir a significar que todos ellos pertenecen al mismo árbol genealógico, que están familiarizados por la genética y nosotros somos los patitos feos del universo. En el siguiente video tenemos imágenes de extraterrestres muy interesantes. Si son reales o los laboratorios de caracterización están evolucionando insospechadamente, es criterio y responsabilidad de cada uno. Pienso que vale la pena verlo y discutirlo, pero amigablemente, estamos en Navidad. De momento un servidor abre la puerta a su posibilidad real. No estoy diciendo que estemos apadrinados por alguno de sus programas de ayuda a los mundos espiritual y éticamente analfabetos. Estamos empezando a desentrañar muchos misterios pero me temo que aún no hemos atravesado el charco  que nos permita acercarnos de verdad al perfume de la realidad. También es posible que nuestro mundo sea tan solo eso: parada y fonda. Y se acabó. Dado que estamos en navidades y no deseo atragantarme con los turrones, de momento,  me quedo con mis creencias, si bien, evito pasearme por los itinerarios tenebrosos de los duelos y las pasiones y me quedo con la alegría y la esperanza de pensar que la vida no se detiene aquí y sigue cual cometa surcando otros universos. Espero que no se os indigesten otras posibilidades existenciales.

EL EXHIBICIONISTA DEL ASCENSOR

PREGUNTA EN EL ASCENSOR (VIII):

Perversión consistente en el impulso de mostrar las intimidades

Aquel ascensor se había convertido en un bazar de sorpresas. No parecía casi Navidad o….tal vez sí. Justo a mi lado una muchacha de servicio vestida tal cual, que me confesó, soñaba ser libre, enterrar sus horas cíclicas y desvirtuadas de felicidad. Su uniforme era cómodo y limpio pero no guardaba la etiqueta que exigía aquel ascensor. Pero como no se atrevía a tomar decisiones directas se las ingenió para subir junto a mí, perfectamente arreglado, para que el portero transmitiera su soberbia de forma inmediata a su señora y la despidiera por terrorista doméstica. Pasé un buen rato en el ascensor. Me gustan las reminiscencias barrocas. Muy bonito. Subió luego una gitana recia y digna que sin mirarme raptó mi mano para profetizarme, mediante su  lectura, a qué piso me encaminaba. No acertó pero me encantó su autoestima. Casi nunca aciertan o….si. Los pronósticos cabalísticos los guardamos como oro en paño y le echamos la llave. Damos pistas pero no soltamos prenda. Y para finalizar mis subidas y bajadas me encontré con un exhibicionista. Me habían hablado de ellos, pero nunca habia tenido una experiencia en directo. Muy fuerte. Era un tipo alto y delgado con maneras amables y un sombrero vintage que decidió no quitarse en ningún momento durante su actuación. Llevaba una gabardina color caqui desteñido y, en el preciso momento en que el ascensor reemprendía sus labores, se acercó a mí y me enseñó sin preámbulos todo cuanto escondía. Se abrió generoso el ala izquierda de su gabardina de donde colgaba generosa una fotografía de una bella mujer vestida para misa de una. Sin medrar en sus ansias se abrió ahora el ala derecha de la gabardina para mostrar la foto de otra bella mujer con un estilo más rompedor. Con la cabeza y la mirada me obligaba a decantarme por una u otra. Nunca he vivido mayor compromiso. Afortunadamente entró otro degustador del ascensor a quien sometió de inmediato el exhibicionista con el mismo propósito. El nuevo viajador tenía más mundo que yo. Le dio un par de palmadas y sentenció: » querido amigo, su mujer es su vida, pero qué es su vida sino vanidad. Su amor es para siempre, pero cuidado, las mujeres son territorialistas, le abandonará en la primera ocasión» Salió y se perdió en el largo y profundo rellano. El exhibicionista me preguntó si había entendido todo o al menos algo y yo le manifesté con la mano que así, así, mientras me precipitaba sin destino fuera del ascensor. Bastante tengo yo con mis propias decisiones.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA                                                                                   (Fotografía de Tuchy Regueras)

        Aclaración a los lectores. Esta es la fotografía que colgaba

                                                                                     del  ala derecha, pero con mejor aspecto)

BOTELLA DE RON

PREGUNTA EN EL ASCENSOR (VII):

HAY QUE LLAMAR AL SAMUR DE LOS CORAZONES ROTOS

Me sentí obligado a beber con él. Entró en el ascensor en la planta baja y se refugió al fondo. Se puso en cuclillas y empezó a beber mientras sollozaba. No dejaba de hacer ni lo uno ni lo otro. Claro, hay tantas desgracias. Sin pensarlo adopté la misma postura y le pedí prestada la botella de ron, un brugal añejo, que no entraba mal, aunque yo me he acostumbrado a beberlo con coca cola light. Es mejor para el colesterol. Hace años que no paso por un médico, traen muy mala suerte, pero tengo entendido que el colesterol es muy dañino para la felicidad del cuerpo. Le pregunté qué le pasaba y no me lo quiso contar. Le abracé y rompió a llorar como un descosido. Seguro que detrás de su conducta habia un mal de amores. Las mujeres son más fuertes y aguantan mejor el dolor, pero los hombres solo tenemos fuerza en la boca. También es posible que estén más acostumbradas a sufrir que nosotros. Llevan demasiados siglos como subalternas de nuestras conductas e indecisiones. Y los hombres, no nos engañemos, no sabemos jugar tanto con la imaginación, ni barajar con gracia nuestras vidas. La gente entraba y salía del ascensor sin darse cuenta de que alguien estaba padeciendo un alarmante colapso afectivo-emocional. ¡Qué pronto se acaban las botellas! ¡Maldita crisis! Parece ser que lo había dejado con la novia. Más que una novia parecía una santa irreal o una de esas mujeres que solo existen en los almanaques de los sueños. Me empezó a enumerar todas sus virtudes: buena gente, encantadora, inteligente y muy sabia, guapa, divertida, paciente…..¡Coño!- reflexioné ¿y cómo se te ocurre dejarlo con una mujer así si parece la portada de todos los deseos? Me miró y me contestó lacónico: » Tengo componentes tóxicos. Se estaba envenenado de mí». Asentí con la cabeza mientras simulaba entenderlo todo. Soy tan vanidoso como cualquiera. Cómo debía quererla para echarla ya de menos… porque según me confesó habían decidido zanjar el asunto ahora mismo, en el vestíbulo, al lado de los ascensores. Voy a llamar al Samur de los Corazones Rotos porque si esto es así ahora no envidio a este hombre cómo va a pasarlo esta noche.

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botella-anejo

HUERTOS URBANOS LITERARIOS

PREGUNTA EN EL ASCENSOR (VI):

SIEMBRA LIBROS PARA RECOGER LECTURAS

La Asociación de Lectores Beatos tiene previsto canonizar como santo literario del año a Anselmo el ascensorista. Todo empezó un día en que un despistado ejecutivo agresivo, usuario accidental del ascensor del edificio empresarial «MuchapastayCía», olvidó una maceta en el elevador. Nunca pasó a recogerla y Anselmo la guardó como si se tratara de su amigo invisible. Su infancia fue hiriente, dura y llena de ausencias emocionales positivas. Los reyes magos de la mente nunca le regalaron un amigo invisible. Así que Anselmo hizo de la maceta un hermano. Le contaba sus aventuras con los libros, su opinión sobre sus personajes y las ganas que tenía de cambiarlo todo a su alrededor. Un ascensorista también sueña con revolucionar el mundo. Un día, me acuerdo perfectamente, subíamos solos en el ascensor cuando me dijo que se le había ocurrido una brillante idea. Me relató que habia ocupado un sector lleno de luz artificial en el tercer parking subterráneo del edificio multinacional. Decidió poner en marcha su revolución creando una biblioteca furtiva, un huerto urbano literario. Anselmo prestó un día uno de sus libros a su amigo maceta, lo enterró un poco para que lo pudiera leer bien y se percató de que el libro empezó a germinar otras ramas de donde nacían libros y más libros. Entonces pensó en ofrecerles una casa cuna bibliotecaria para que los usuarios lectores del ascensor los adoptaran y se los fueran llevando a sus casas para darles el calor y el mimo que precisa un libro. Ahora su espacio de huerto literario del tercer subterráneo está lleno de vida y esperanzas. La vida real empieza en las catacumbas. Un compañero ascensorista más osado que mi amigo Anselmo ha ocupado otra estancia en una planta más honda, cerca de los infiernos del analfabetismo cultural, para  sembrar poetas. Mira que si la revolución auténtica, la de verdad, empieza por ir sembrando en cualquier rincón cercano tan solo cosas bellas que nos ayuden a transformarnos.

Fotos libro 001                           (Fotografía de Tuchy Regueras)

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