NEGOCIACIONES ENTRE BASTIDORES
Se localiza un señor, felizmente, muerto en un probador de señoras
La señorita que le custodiaba huyó del lugar de los hechos cargando un festín de bolsas de compras
Era una tienda trampa. Una señorita, descendiente cultural, de cualquier polígono de viviendas clonadas, pero, genéticamente bien premiada, jugaba a representar un papel que originalmente no le pertenecía pero ella era una chica lista y sabía cómo escalar al centro neurálgico de su posición social soñada. Poca gente hay más despótica y repelente que las dependientas de los establecimientos carísimos. El tener relación, casual, con una persona del más allá económico (el propietario/a de la tienda) hace que suba su auto-estima y reniegue de su medio ambiente original. Su minifalda, sus zapatos de tacón y la cuenta corriente de muchos de los clientes que pasan por el lugar le anima a abrazar un hipotético futuro acomodado. Estaba harta de disimular su mal humor cuando veía aparecer un acaudalado caballero, ya con vida de prestado, acompañado de una sobrina que le sacaba todos sus caprichos. Eso es lo que sucedió aquel día. Entró una muchacha recauchutada, una copia bien acabada de una diosa disco, que cada vez que se enamoraba de un producto, acompañaba al caballero al probador y corría las cortinas. Luego salía sonriente, recomponiéndose la comisura de sus labios, y con la tarjeta de crédito en la mano. Corrió la cortina tres o cuatro veces, como poco, ufffff….y en el probador no había ninguna bombona de oxigeno reparador. Ni una botellita de agua de Lurdes. Luego, un gemido ahogado en el probador de señoras y ella salió disparada con sus compras al hombro sin despedirse.
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Publicado el febrero 26, 2014 en Textos Propios y etiquetado en lecturas literarias, libros, literatura, manuel villa-mabela, microrrelatos, relato breve, tuchy regueras. Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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