Café Vista Alegre

DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Fue en el Café Vista Alegre, en la esquina de Belascoín y San Lázaro, frente al malecón de L’abana. Un restaurante con tres entradas. Iban los ricos a comer y los trovadores a tocar, a veces hasta que el sol se alzaba. Allí oí por primera vez a la voz de oro del danzón, Barbarito Diez, cantando esas ”Lágrimas negras” con que nos torturas con tu desentono y desafinación. —me dijo Laíto León, intentando callarme.

No bailo muy bien. Siento el tumbao del son y remeneo aceptablemente el esqueleto con un guaguancó; mas cuando canto: todos huyen despavoridos, amigos y desconocidos. Tengo un potente fuelle por diafragma pero mis tonos y afinaciones escapan de la perfección… muy lejos.

¿En qué año habrá sido eso? —Mi madre intentó involucrarme en la historia de su tio abuelo, sentado al sol en el patio, mientras ella y yo…

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Publicado el marzo 31, 2014 en Artículos Invitados y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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