Archivo de la categoría: Cosecha Propia
SERIE POESÍA PERFORMANCE: ESCAPARATE PARA MADURAR LA SOLEDAD
Paseando hace unas semanas por la parte alta de Alicante me encontré un espectáculo cromático, divertido y filosófico. Se trataba de un auténtico performance de figurantes de cartón piedra. Un amigo, lo llegamos a ser cuando ya nos despedimos, me decía que hay dos tipos de figurantes en la vida, bueno hay muchos más, claro, pero se centró tan solo en los figurantes que hacen que nuestras vidas se sientan vacías y los figurantes de cartón piedra de poner y quitar. La mejor manera de madurar la soledad, seguro que hay más, es aprender a vivir por nosotros mismos sin contar con nadie, me decía, dado que los figurantes que pululan a nuestro alrededor nos recuerdan con demasiada frecuencia que estamos solos. Nada hay mejor, matizaba, que los figurantes de juguete, los que puedes sacar al sol o esconder bajo la cama y no te quitan más tiempo del que tú deseas entregar y nada esperas de su participación en tu vida. No supe distinguir si hablaba en serio o en broma, ni tampoco, podría asegurar que fuera un hombre triste o alegre. Igual era un superviviente más que se asomaba al escaparate de la soledad a ver si algún producto o receta le aliviaba de sus desavenencias consigo mismo y, tal vez, los demás.
SERIE POESÍA PERFORMANCE: FRANQUICIA ESPIRITUAL
No sé si en el cielo o en alguna franquicia espiritual, cuando me aposente con contrato eterno, me permitirán tener conciencia propia o deberé sumarme a alguna conciencia colectiva, un sindicato de almas. Por eso aprovecho, ahora, que aun ando medio despierto para escalar las más altas torres cuando sufro ataques de tristeza. Desde arriba todo parece tan simple. tan lejano, tan insignificante. La conciencia se transforma si miras desde lo alto, pero siempre hay un tipo que te dice que van a cerrar y todo el mundo debe abandonar la torre de la paz y el sosiego. Espero que la eternidad no tenga horarios y limitaciones.
SERIE POESÍA PERFORMANCE: HUERTOS Y CELDAS MONACALES
Los huertos y las celdas monacales siempre han estado ligados de una u otra forma. Estas fotografías no responden a ningún monasterio pero si son casetas modestas que se utilizaban hace unos años como refugio y reducido hogar para los que en pequeñas porciones de terreno plantaban desde lechugas a espárragos, tenían un puñado de gallinas y gustaban de cultivar margaritas o petunias. Existe una hilera de estas casetas en Valladolid, justo al lado del Canal de Castilla y pensé que con cuatro arreglos podrían convertirse en zonas residenciales liliputienses, dado que si lo pensamos bien, no necesitamos tantas cosas para vivir. Lo preciso se cuenta con los dedos de una mano. Lo demás es folklore vanidoso y ganas de dedicar nuestra vida y esfuerzos a cuidar y proteger lo que tenemos en lugar de disfrutarlo. He pasado temporadas sabáticas en celdas monacales y me he sentido libre de necesidades innecesarias. He vivido, dentro de mi itinerario vital, en buhardillas de juguete y no recuerdo haber echado nada en falta. Eso sí, todavía hoy, cuando llega el capítulo de hacer las cuentas y sobrevivir estoico a todas las legiones de gastos, me pregunto reflexivo: ¿cuando aprenderé a vivir de una vez?
SERIE POESÍA PERFORMANCE: AGUA PARA SACIAR LA SED
No deja de ser una forma más de publicitarse y de señalarse como gente estupenda, seguro que lo son. Desde luego hay que admitir la originalidad de recordar a los potenciales clientes de la empresa, que la dirección de la misma, ama y vela por las mascotas. Voy a proponer a un grupo de amigos que montemos un tenderete con bocadillos para la gente que tiene hambre, otro puesto, para regalar billetes a las personas que no llegan a fin de mes y, claro, una agencia ambulante para conectar a las personas que se encuentran solas. Dado que quienes tienen obligación, por situación o cargo, no se prestan al servicio de los más necesitados, tendremos que tomar iniciativas propias los soñadores de cercanía.