Archivo de la categoría: Piezas/Lugares

RELICARIO DE ODORICO DE PORDENONE

Odorico de Pordenone fue viajero y misionero franciscano en el siglo XIII. Sus relatos fueron junto con las obras de otros exploradores como Marco Polo, las primeras descripciones documentadas y oficializadas de Asia por Occidente. 

La historia de los relicarios es extensa, variada y salpicada de anécdotas y hechos entre fervientes y fantasiosos. Primero los conocimos con el nombre de encólpium, si bien entonces tenían carácter privado. Hay bellos ejemplos del siglo IV y son célebres los que se hallan del siglo VI en el Tesoro de Monza. A partir del siglo IX empezaron a colocarse además sobre el altar relicarios en forma de cajas o arquetas.Este tipo de relicario prosiguió en siglos posteriores hasta llegar al arte ojival, siendo preferidas las arquetas. El relicario adoptó desde el siglo XIII formas muy variadas y creativas, por ejemplo, la de arqueta y templete, imitando un templo; de ostensorio, con su pie y su torrecilla y la de busto y estatua, con la imagen del Santo a que pertenece la reliquia que allí se recoge. La fotografía que acompaña la entrada es «dicen» el relicario que contiene el cilicio de Odorico.

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AQUÍ SE DEPOSITABAN NIÑOS

En el Hospital de los Inocentes de Florencia, en medio de tanta belleza e historia, encontramos un punto que aún rezuma tristeza. Es el punto donde se depositaban niños a la espera de que tuvieran alguna oportunidad de agarrarse al milagro de la supervivencia. Esta singular mercancia sigue depositándose aquí y allá, no se ha borrado de la historia, cambia su escenario y procedimientos, pero sigue ahí, llamando al descontento humanista por la injusticia que supone que un niño no pueda ser criado en su sede genética y tenga que apostarse a la carta más alta con el destino.

¿PUEDES PASAR Ó CUIDADO SI PASAS?

De tanto en tanto, zascandileando por veredas extramuros de la civilización urbana, me encuentro con verjas derribadas o abiertas de malos modos. Siempre me asalta una pregunta doble ¿puedo pasar sin problemas y seguir caminando? ó ¿si paso asumo riesgos? Claro, son caminos en principio asequibles de paso para senderistas, pero casi siempre observo feroces perros acechando, caballeros que también ladran y me ofrecen miradas sesgadas desde fincas limítrofes y, yo, ya no puedo correr veloz como lo hacía a los quince años. Pregunto a la autoridad y me dicen que adelante, sin premisas, que tengo derechos de paso y disfrute de la naturaleza. Tomo nota y seguiré los consejos, eso sí, he solicitado información a la guardia civil para conocer de primera mano si tienen algún servicio de senderistas de compañía.

¿FUENTE O TUMBA?

Paseando por los jardines próximos al Decanato de la Universidad Complutense, sumergido  en los reclamos de la epistemología, es decir, esa disciplina dedicada al estudio de la naturaleza, sobre todo, en el origen y la validez del conocimiento, me topé con una sorpresa. Otras veces medito sobre la peregrinación de las ánimas mientras escucho en el transistor el vaivén de resultados de la jornada futbolera dominical, pero eso es otra historia. Tomando de nuevo el hilo del asunto que nos preocupa, me quedé meditabundo ante mi descubrimiento. Dependiendo del prisma de mi contemplación estaba ante una fuente, si bien, solo tenía que dar la vuelta y hacerme con otro punto de observación para citarme ante una especie de tumba, una simbología de la lucha y la muerte. Tengo que centrarme en el asunto. La epistemología tiene éstas cosas.

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