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NAVE NODRIZA

Nave Nodriza “Crisantemo X” solicita autorización para ocupar una de las órbitas de desembarco.  Es una operación compleja y larga, contiene una flota de 100 Drones de Carga con distintos destinos que alcanzar en Tierra III.  Probablemente, este será su último servicio de transporte a través del océano intergaláctico. Ya no será posible mantener sus prestaciones. El coste global de sus gastos supera las partidas presupuestarias. Su próximo programa le marcará un único objetivo: Buscar planetas que nos permitan seguir creciendo y desarrollando nuestras potencialidades. Comenzó su singladura en Tierra II, nuestro primer planeta de supervivencia, en el que tuvimos que protegernos para salir indemnes del cambio climático que se extendió por nuestro mundo original, la Tierra. La vida ya no era posible y apenas pudimos llevar con nosotros recuerdos, enseres y esperanzas. Nuestras raíces quedarían sepultadas en la Tierra igual que nuestros muertos.  La Tierra se convirtió en el primer planeta cementerio en la historia de una raza inteligente.

Tierra II significó una existencia minimalista alejada de cualquier escena de confort. Seguíamos en nuestro sistema solar de acogida, pero todos nuestros esfuerzos estaban encaminados en buscar un hogar más entrañable y menos artificial que la luna de Júpiter rebautizada como Tierra II. Todavía no hemos superado el miedo a sentirnos solos en la inmensidad del universo. Necesitamos sentirnos ligados a un origen y nuestros muertos resultaron clave para seguir construyendo nuestra historia, apoyándonos siempre en una emotividad referencial. Nuestros muertos siempre han sido motivo de superación. Desde entonces, distintas Naves Nodrizas recogen de los Depósitos de Almacenamiento los cuerpos sin vida de nuestros compañeros de viaje para que los Drones de Carga los trasladen mediante las Naves Nodrizas a las sepulturas-cuna del planeta Tierra I.

Desde esos momentos esenciales han pasado muchos siglos, miles de años. Ahora que hemos reemplazado Tierra II por la lozanía de Tierra III, dentro del horizonte de otro sistema planetario. Nos vemos obligados a abandonar Tierra I como cuerpo celestial testimonial y debemos convertir Tierra II en el nuevo cementerio de nuestra raza. Tierra II ha cumplido ya sus fines para con la humanidad. Será un planeta-cementerio de última generación,  continuación mejorada de su predecesor. Nuestras limitaciones y circunstancias hacen que convirtamos Tierra II en un auténtico planeta basura, sin emociones ni referencias, donde depositar todo aquello con lo que no podemos convivir o transportar.

Tierra III es nuestro hogar actual, nuestro nuevo contenedor sideral. Convivimos con una maldición genética que no nos permite deshacernos de ciertas tendencias de fábrica no convenientemente resueltas.

Nave Nodriza “Crisantemo X” solicita autorización para ocupar órbita de desembarco. La operación es autorizada y todos sus drones se ponen en camino hacia los cementerios artificiales-provisionales dispuestos para ser transportados hacia su destino definitivo. Somos creadores de cementerios perdidos por el cosmos. Somos enterradores hipotecados a un futuro incierto. En el universo se nos ha catalogado en más de una ocasión como los enterradores planetarios.

Nuestra población disminuye, nuestros muertos disminuyen y el universo se nos echa encima disfrazado bajo alucinaciones de abismos que escapan a nuestros conocimientos y defensas vitales. Por eso nuestros muertos han sido siempre tan importantes y su compañía resultaba imprescindible en nuestra navegación. Tierra III se muere, pronto será nuestro último cementerio sembrado en la inmensidad, tal vez el último. Estamos demasiado alejados de cualquier punto reconocible del mapa celeste. Y tenemos que emprender la búsqueda inmediata de Tierra IV. Nuestras convicciones deben cambiar y entregarse a nuevas posibilidades para no perder contacto con nuestros muertos. Debemos crear una nueva poesía de la muerte, convertir a parte de nuestros muertos en cometas cromáticos atados a nuestras naves o sembrar los espacios infinitos de la noche espacial de cuerpos sin vida cabalgando sobre los lomos de cualquier meteorito.  No podemos abandonar a nuestros muertos en nuestro periplo vital.

 

 

 

EL DÍA DE LOS MUERTOS (EL CIRCO DE LOS MUERTOS)

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EL CIRCO DE LOS MUERTOS

Ya está aquí el circo. Payasos, malabaristas, forzudos y trapecistas abren el desfile que se cierra con las jaulas transgénicas de los animales, imponentes fieras hechas de trapo y cartón,  para no asustar a los muertos grandes y pequeños. La música y la algarabía se han adueñado de la feria. Todo es estridente y multicolor: gentío divertido, algodones de azúcar, esqueletos escurridizos, palomitas y manzanas vestidas de caramelo. Ya está aquí el circo itinerante que se pasea por todos los cementerios del planeta mundo: religiosos, civiles y sin catalogar. No hay fronteras para estos artistas que llenan de alegría y esperanza las jornadas de los muertos, público agradecido, cálido y entregado. No siempre es fiesta para ellos, no siempre protagonizan la atención de los registrados como vivos por la genética imperante, vivos orgullosos y egoístas que consideran al resto de viajeros por los universos cabalísticos como meros actores de reparto descatalogado, racistas vitales que no entienden que la muerte es un recreo trascendente para reponer fuerzas, hacer inventario y seguir trayecto.  Ya está aquí el circo de los muertos. Levantan aplausos y risas a su paso y los muertos, ya sean recientes, vocacionales, crónicos o profesionales se plantan sus mejores galas para sumarse a la fiesta. Visten disfraces travestidos, máscaras de carnaval, indumentaria informal,  harapos de colores, todo está permitido en este universo donde las etiquetas no guardan rigor ni cumplen reglas. Ya está aquí el circo de los muertos para celebrar, como todos los años, la magia de nuestra naturaleza. Todos se suman al espectáculo: parientes, amigos, curiosos y penitentes. Todos comparten sus bienes regalados: ropas, pasteles, fotografías, cuadros, automóviles, flores, casas, féretros, monedas y billetes, licores y toda suerte de manjares, materiales o inventados. Todo lo que habían pedido en sus plegarias y deseos anda repartido, esparcido y abandonado por el cementerio. Esta noche es fiesta grande y sabrosa, todos quieren bailar e interactuar, los muertos son cabeza de cartel en el espectáculo de esta noche plena de emociones y fantasía. Los muertos están bien organizados, cumplen horario de muertos pero no olvidan reír, llorar, comer, beber, filosofar, discutir y hacen el amor manejando los recuerdos como si fueran marionetas con el papel aprendido. Las alacenas de sus mentes son como las buhardillas o los rastrillos, hay toda suerte de mercaderías. No se conforman con estar muertos, sueñan seguir transitando energías, campos santos o ecosistemas neuronales. Incluso los muertos que han perdido o desmejorado piezas de su inventario se echan a los caminos del cementerio para seguir festivos la música que suena en su honor. Y los muertos que ya tan solo son polvo y han perdido su imagen en los espejos danzan bajo la luz de la luna para sentirse bellos y sentirse muertos de verdad, no muertos descatalogados. Me gustan los muertos porque no pretenden ser otra cosa fuera de su destino esotérico. A muchos les cuesta madurar su situación, pero la sabiduría de la muerte les va adoctrinando hasta que puedan dormir solos en sus tumbas y panteones sin la supervisión de los ángeles de los muertos, que muchas noches han estado a su lado hasta que el sueño les envuelve. Los muertos también tienen miedo, son muertos huérfanos del conocimiento cabalístico. Por eso los ángeles de los muertos les cuidan y miman hasta que entienden, aceptan y hacen suyo nuevo  itinerario que les toca recorrer. El circo de los muertos tiene muchos números preparados para los muertos niños y muchos sorteos en las tómbolas trucadas que hacen que todos se lleven sus premios a sus tumbas nido. Unos payasos del circo pintan de colores las tumbas de los más pequeños para que duerman parte de su eternidad confiados en el recogimiento que ofrecen los colores de fantasía, bravos, entusiastas y entrañables. Me encantan las noches y los días de los muertos, no son fáciles de entender e interpretar, tienen su lenguaje propio, su simbolismo singular. Por eso, siempre que puedo, me traslado a México para llenarme de muerte y sentirme vivo. Ya están aquí, ya ha llegado un año más, el circo que venera y celebra el Día de los Muertos.

BAGAJE DE VERSOS

"Mi bagaje de versos dan besos a lo abstracto. Sensato mensaje profundo intento impartir. Sentir las enseñanzas construir algo con canto. Más cuantioso el amor menos opaco el latir. Vivir por los versos eternos que acura al llanto".

Tierra roja, tierra hermosa

Ser poeta para ser pueblo

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Cada noche incierta se desprende una rejilla tras esa ventana ,cuestionando y conspirando con su vida a las 3 am se pinta en vino sus secretos...

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