BOTELLERÍA FILOSÓFICA

Los viernes suelo quedar con un filósofo sin techo que jalea afectuoso mi llegada a su posada callejera. Ha decidido vivir por siempre en un cajero céntrico que poco a poco va convirtiendo en hogar. No soporta palabras tales como albergue, caridad o vegetariano. Tiene sus principios. Eso sí, no protesta cuando le obsequio con una buena botellería. Lo tengo comprobado, si le regalo garrafón ni lo huele, es un exquisito, pero si le proporciono calidad, se lo toma todo, me pide más y me regala con sus relatos y experiencias filosóficas. He prosperado en mi empresa gracias a sus consejos. He recuperado mi buena relación con mi perro y he conseguido jugarme la pensión de mi ex mujer, cada mes, a la carta más alta. ¿Qué hago los viernes por la noche? Meter toda la botellería que puedo en un carrito y escuchar a mi amigo filósofo.

Publicado el octubre 2, 2015 en Artículos Propios y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Qué buenas dosis de sabiduría contienen esas botellas. No de las líquidas, no de las que se evaporan, sino de las que dejan huella en el Otro. Buena tradición la de los viernes 🙂

  2. Buenas y productivas compañías, Manuel. Nunca se sabe en esta vida donde encontrar los más sabios…bs

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