SUEÑOS Y CARDOS

Los paseos bajo el Sol del estío me gustan menos, parezco un buscador de sombras. Antes me daba cierto corte, ahora, me protejo bajo la tela de un paraguas y me voy apañando mejor. Todo esto viene para confesar que me encantan los cardos, las plantaciones de cardos plantadas en cualquier rincón inhóspito. La genética del cardo siempre ha despertado mi admiración y mi envidia sana. Crecen que en territorios donde las ilusiones, las emociones, el equilibrio y la armonía, apenas sobrevive, de ahí, que siempre que me encuentro con un ramillete de cardos me paro y les solicito alguna transmisión de su fortaleza, al fin y al cabo, ellos son cardos y nosotros solo personas de carne y hueso con nuestras miserias a cargas, sobre todo en verano.

Publicado el septiembre 2, 2016 en Artículos Propios y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 7 comentarios.

  1. a mi también me decían lo de cardo borriquero, seremos de la misma zona??jjeeje, y quizás sea por eso que no les tengo especial cariño a los cardos, jejeej, feliz domingo!!

  2. Algunos tienen su momento de gloria, con su peluca morada o amarilla, resultan bellos, los he fotografiado alguna vez, luego se van secando como nosotros, pero resisten a la orilla del camino, con el tallo alto desafiándonos…
    Paseo por el campo todos los días con mis perras (ahora sólo una) meseta castellana, cardos y zarzamoras, poco más en este tiempo avanzado del verano.
    Un abrazo.

  3. ¿Los cardos borriqueros? A mí de pequeña me decían que era un cardo borriquero (se me quedó clavado). :)))))

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