Archivos Mensuales: mayo 2020
LA MÁGICA ERMITA DE SAN SATURIO
Sugerimos, pasado el confinamiento, acercarse a esta mágica ermita. Llegas a la orilla del Duero, atraviesas un pasadizo ancestral, dejas atrás puentes de hierro y el camino ya no tiene perdida. Allá al fondo se levanta esotérica una de las ermitas más bellas e increíbles que conozco: la ermita de San Saturio. Muy saludable pasear despacio por su alameda junto al río para luego asistir enmudecido a sus encantamientos. Recomendable llevar diccionario esencial para manejar el lenguaje ocultista del silencio.
- San Saturio I
- San Saturio II
- San Saturio III
- San Saturio IV
- San Saturio V
- San Saturio VI
- San Saturio VII
- San Saturio VIII
- San Saturio IX
- San Saturio X
- San Saturio XI
- San Saturio XII
- San Saturio XIII
- San Saturio XIV
UNA SONRISA URBANA
No hay mejor manera de comenzar una relación, una amistad, una tarea o el fin del confinamiento, que mediante una sonrisa. Aquí traslado un ejemplo. Ingredientes: casualidad del hospedaje transitorio de unos rollos de cables, la creatividad de un artista urbano que pululaba por ahí y supo rematar artísticamente el performance y, por último, un cronista de sucesos callejeros, que tuvo la posibilidad de plasmar la sonrisa mientras paseaba sin rumbo fijo por la ciudad.
- Fotos de Tuchy Regueras
- sonrisa urbana
- sonrisa urbana
MARES DE POESÍA
Las fotografías adjuntas pueden sugerir muchas cosas: espejos diseminados, campos de barbecho, reflejos otoñales, pero no, son mares de tierra anclados entre nuestra presencia y el horizonte que se pierde en la inmensidad. Son auténticos mares de poesía encontrados sin querer a la vera del camino. Tal vez una profecía, una aparición o los restos de un legado trascendente. Lo cierto es que, subido sobre mi velero vital, me eché a las olas del viento para surcar estos mares de tierra, esperando comulgar con todo su elenco de misterios. Este es otro camino tan válido como cualquier otro.
- Mar de tierra
- Panorámica del Mar
- El Mar inmenso
BALCÓN CON ABANICOS PARA ESPANTAR MALOS AUGURIOS
Me encanta el maridaje de distintos elementos, sean los que sean, con las arquitecturas de cualquier tipo. No hay reglas, solo el placer de contemplar belleza y sugerencias. De ahí que vaya mirando para el cielo con mucha frecuencia, esperanzado en descubrir un encuentro vestido de poesía. Y aquí rindo homenaje a este precioso balcón custodiado por cuatro abanicos para mitigar los malos augurios. Los abanicos y el balcón habitan en Valdepeñas y desde estas líneas animamos a buscarlo en la próxima visita a esta tierra singular, cuando pasen los destierros. No damos pistas de su ubicación. hay que mirar y mirar.




















