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PANORÁMICAS PALACIEGAS
La ola de frío polar está remitiendo, lógico, nada es eterno, aunque los palacios de Aranjuez disputan esa posibilidad en el inventario de las emociones de quienes los contemplan. Aranjuez bien merece una visita o más, pero ahora con la atmósferas temblorosa y el rocío exhibiendo sus posibilidades plásticas, resulta una ocasión envidiable para acercarse a la vega madrileña y empaparse de su historia y sus suculencias gastronómicas. Deseo que las bajas temperaturas no sean un obstáculo para los poetas de la belleza.
EL REFLEJO DE UNA PARROQUÍA DE CINE
Tenemos parajes y arquitecturas que hay que verlos, contemplarlos y sentirlos muy cerca para tener los argumentos precisos que nos permita valorarlos en su medida honda y global. Por ejemplo, la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, ubicada dentro del itinerario cultural «Llanes de cine» en la localidad de Barros y que ha servido como punto de rodaje a cintas tan conocidas como: La señora, El Abuelo y Epílogo. La parroquia data del siglo XVIII y cuenta con un sugerente y tranquilo cementerio que hace frontera con la ría de Barros. Lo dicho, un paraje para respirarlo y disfrutarlo. (Fotografía de Tuchy Regueras)

HORTENSIAS Y EL MAR
Galicia, Cantabria y Asturias conforman el universo de las hortensias. Las olas de calor son más llevaderas a la orilla de Llanes y sus idílicos alrededores. El mar frío y bravío se deja querer, los paseos por la arena de la mar son un auténtico relajo y cuna de emociones, pero sobre todo, me encantan sus poblaciones cromáticas de hortensias. Y si hay tiempo es obligatorio acercarse al descenso del Sella, bien bajar en canoa o seguirlo por carretera o tren desde Arriondas hasta Ribadesella. El final de la etapa es, forzosamente culinario, sardinas y sidra, por ejemplo. (Fotografías de Tuchy Regueras)
SEGOVIA MAÑANERA
Todas las ciudades tienen sus características, sus tendencias, sus rincones, sus misterios… Segovia es un remanso de belleza, historia y cuestas penitentes, que recorremos con la sonrisa puesta. Los fines de semana, todo es otro tema, dado el asalto del turismo y la difícil convivencia con las plazas de aparcamiento, justo enfrente de la puerta del hotel que corresponda. Me gustaría destacar las atmósferas mañaneras, esa hora mágica de las doce, más o menos, en que todos, algo adormilados, parecemos personajes de leyendas oníricas y nos gusta someternos a los rayos de sol, todavía en estado de no agresión sobre nuestra piel. No soy madrugador, me parece un disparate, pero me encantan las mañanas. Muchas veces no cierro la noche, tan solo por no perderme las sensaciones mañaneras y, Segovia, nos ofrece todo su candor a esas horas en que los relojes recién empiezan a desesperezarse.