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FUENTES Y PAISAJES
Fuentes y paisajes se complementan en el inventario de las bellas esencias. En conjunto forman unos abanicos de sensaciones cromáticas y ensoñaciones que nos invitan a la serenidad y la contemplación. Otoño y primavera son mis estaciones favoritas, si bien no desprecio las dos restantes. Aquí dejo esta invitación placentera para acercarse a la vega madrileña, siempre con sorpresas y un rico ajuar de posibilidades de toda suerte.
PANORÁMICAS PALACIEGAS
La ola de frío polar está remitiendo, lógico, nada es eterno, aunque los palacios de Aranjuez disputan esa posibilidad en el inventario de las emociones de quienes los contemplan. Aranjuez bien merece una visita o más, pero ahora con la atmósferas temblorosa y el rocío exhibiendo sus posibilidades plásticas, resulta una ocasión envidiable para acercarse a la vega madrileña y empaparse de su historia y sus suculencias gastronómicas. Deseo que las bajas temperaturas no sean un obstáculo para los poetas de la belleza.
EL REFLEJO DE UNA PARROQUÍA DE CINE
Tenemos parajes y arquitecturas que hay que verlos, contemplarlos y sentirlos muy cerca para tener los argumentos precisos que nos permita valorarlos en su medida honda y global. Por ejemplo, la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, ubicada dentro del itinerario cultural «Llanes de cine» en la localidad de Barros y que ha servido como punto de rodaje a cintas tan conocidas como: La señora, El Abuelo y Epílogo. La parroquia data del siglo XVIII y cuenta con un sugerente y tranquilo cementerio que hace frontera con la ría de Barros. Lo dicho, un paraje para respirarlo y disfrutarlo. (Fotografía de Tuchy Regueras)

HORTENSIAS Y EL MAR
Galicia, Cantabria y Asturias conforman el universo de las hortensias. Las olas de calor son más llevaderas a la orilla de Llanes y sus idílicos alrededores. El mar frío y bravío se deja querer, los paseos por la arena de la mar son un auténtico relajo y cuna de emociones, pero sobre todo, me encantan sus poblaciones cromáticas de hortensias. Y si hay tiempo es obligatorio acercarse al descenso del Sella, bien bajar en canoa o seguirlo por carretera o tren desde Arriondas hasta Ribadesella. El final de la etapa es, forzosamente culinario, sardinas y sidra, por ejemplo. (Fotografías de Tuchy Regueras)